Trabajo en equipo mito o realidad

Es muy común escuchar que el detonante de la productividad y del crecimiento se debe al trabajo en equipo, al talento de las personas y su sinergia, a la visión compartida y una serie de elementos que caracterizan a estos grupos.
Los hay de todos tipos, grandotes, chiquitos, medianos y extra grandes, mucho se especula en el tamaño ideal del equipo, que si deben ser binas, triadas, seisenas, decenas, docenas, en fin creo que el tamaño lo define la razón de ser de la organización y su fin último.
Sin embargo, Trabajo en equipo ¿para qué? ¿Para lograr un resultado? ¿Para satisfacer una necesidad? ¿Para ganar dinero? ¿Para qué?,  creo que es una pregunta muy sería y profunda que debe contestar el líder en sus cinco minutos de reflexión.
Cuando llegué por primera vez a Mérida pude ver que los taxistas del aeropuerto pertenecían a una cooperativa, lo mismo pude constatar en algunos camiones urbanos, me puse a observar y descubrí un gran número de asociaciones civiles y me dio gusto la forma en que se organiza la gente, decidí indagar un poco más y documentar este fenómeno que se repetía en varias esferas del territorio yucateco, entrevisté a los socios, visité lugares, puntos de reunión, consulté publicaciones, escuche sus propuestas y llegué a la conclusión que conocen muy bien el tema y lo aplican muy poco, el fin me quedó claro, los medios no tanto.
Es decir, eran equipos de trabajo documentados mal ejecutados, las quejas de los socios se enfocaban al líder, el líder busca refugio en su primer círculo y marcan distancia, los resultados no son claros, simplemente la rendición de cuentas no existe, compartir los bienes y servicios se encuentra años luz de su concepción. El juego democrático lo vitorean como eje central de su gestión y quitan y ponen delegados y secretarios a modo, el aprendizaje se vuelve una carga administrativa que termina descapitalizando el gremio y elevando la inconformidad de sus representados.
El primer intento para re-enfocar el rumbo debe orientarse a quitarle el hado idealista a las cosas, es quitarle el rostro a la organización, es democratizar la participación de sus agremiados y definir plazos más cortos de ejecución, seguir con el pensamiento trascendente festejando pequeños logros de acuerdo a los tiempos, dejar de lado los falsos caminos de redención y retomar el camino bajo el viejo truco de la verdad, educar a los novatos aprovechando la expertis de los veteranos, fortalecer el orgullo por el trabajo con productos y servicios innovadores, sentirse parte algo que esta haciendo las cosas bien… Scastor

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Fortalecer los equipos de trabajo con las herramientas del siglo XXI

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